Al llegar agosto, las colinas escocesas se han calentado y las cubre un manto de brezo morado, que se extiende hasta donde alcanza la vista. También hará más calor en general, y es muy placentero comparar las distintas tonalidades del brezo con los intensos azules y verdes de los lagos y del mar. Y por la tarde siéntese a admirar los vibrantes colores de la puesta de sol: del rojo ardiente y el naranja hasta el rosa, señal de que al día siguiente va a hacer buen tiempo.